Mon Petit Vulcan: Björk, unas pavlovas volcánicas y el Risotto Nero

Vinylfacing Utopia

Estamos por cerrar otro año más, prácticamente sin conciertos y te voy a contar sobre la serie de recitales que hizo Björk en octubre y noviembre de 2021. Y te platico algunas de las cosas que cociné para acompañar a cada una de las noches que pudimos ver.

Ya en un podcast hablo de que muchos músicos decidieron, a falta de giras y conciertos, realizar pequeños shows que transmitían en vivo a cambio de algunos dólares. Fue así que vimos a Nick Cave y su Idiot Prayer en julio de 2020 por 20 dólares, y en diciembre vimos a Twilight Sad por otros 15. Ambos recitales fueron muy especiales, porque sabíamos que estábamos contribuyendo de alguna manera a los artistas en tiempos de pandemia, sin giras, sin conciertos, sin contacto con el público.

Fue entonces en Octubre de 2021, quince meses después de los primeros encierros, que al fin y después de 5 fechas pospuestas, que Björk pudo hacer sus conciertos con músicos y coristas de Islandia, ¡frente a una audiencia en vivo! Así que no perdimos la oportunidad y compramos las “entradas” para estar en primera fila, desde mi sillón desvencijado.

El 24 de octubre de 2021, la primera noche que pudimos ver el streaming (hubo uno el 11 de octubre que nos perdimos, ni me hagan hablar de haber dejado de ver Hyperballad y Unison), Björk cantó junto con el coro de Islandia Hamrahlid. Su vestido azul sobresaltando con los atuendos blancos de los coristas, quienes tomaron canciones como Who is it (Medulla), Hidden Place (Vespertine) o Human Behaviour (Debut) y las elevaron a sonidos nuevos y espectaculares. Este concierto cerró con New World, del soundtrack de Selmasongs. No tengo qué decirles lo emotivo que fue.

Para tal noche, el menú fue algo sencillo; salmón ahumado, un queso brie con salsa de arándanos, pan de centeno, pero para el postre, hice una pavlova que al fin, ¡al fin! Me salió en forma de volcán con el tutorial de Zoebakes. El relleno fue de queso de cabra con yogurt griego y frambuesa, tratando de emular el skyr islandés. Un poco de ganache de chocolate con blueberries era la lava que salía del volcán. Aquí está un reel de esa noche:

Vinylfacing mientras llegaba la hora

El segundo concierto fue el 31 de octubre. Ordenamos pizza de cuatro quesos y al ser Halloween, me pareció adecuado hacer el pie de calabaza que hago para Thanksgiving. Ahora Björk lucía un traje verde espectacular, acompañada por Viibra flutes y la sinfonía de instrumentos de viento y metales de Islandia. Desde el Aeroplane del Debut hasta The Gate de Utopia, cada arreglo y acompañamiento fue espectacular. Björk cantando Pagan Poetry del Vespertine fue mi momento favorito.

El 15 de noviembre fue el último concierto y no podía dejar pasar este momento tan especial, así que hice mi famoso Risotto Nero, de calamar en su tinta, para simular las playas de arenas negras de Islandia. En esta ocasión, Björk no se reservó nada. Estaba magnífica en un vestido de Valentino que mágicamente cambiaba de tonalidad en cada canción. Un escote soberbio y revelador indicaba el punto preciso en el que salían sus sonidos más guturales. Ella estaba a la vez desgarrada cantando Black Lake, History of Touches y Lionsong, todos del Vulnicura, como juguetona con Hunter y Come to Me (Vespertine y Debut).

En verdad fueron noches y experiencias muy especiales. Para amantes de los conciertos y la música, no hay nada como la música en vivo. Pero en tiempos de pandemia, estos tres conciertos de Björk y los de Nick Cave y The Twilight Sad, han sido la prueba de que la música te puede transportar y conmover, aún en la intimidad de tu propio sillón. Estamos ansiosos de regresar a los estadios y las salas de conciertos, pero por lo pronto y hasta que llegue ese momento, haremos de tripas corazón.

Black Lake y Risotto Nero

Risotto Nero (Receta de David Tanis, publicada en el New York Times)

Ingredientes

  • 2 cucharas de aceite de oliva
  • 1 cebolla finamente picada
  • Sal y pimienta
  • 3 dientes de ajo, picados
  • Una pizca de azafrán
  • Una pizca de pimienta cayena u hojuelas de chile
  • 1/2 kilo de calamares, pueden ser solo las anillas
  • 1/2 taza de jitomate picado
  • 1 hoja de laurel
  • 1/2 taza de vino blanco seco
  • 2 cucharitas de tinta de calamar (vienen en paquetitos)
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • 1 taza de arroz arborio
  • 4 tazas de caldo de pollo, vegetales o pescado, que no esté muy salado (puede ser mitad caldo, mitad agua)
  • 1 cucharadita de ralladura de limón
  • 2 cucharaditas de perejil picado

Procedimiento

Pon el aceite de oliva en una cacerola. Agrega la mita de la cebolla y cuece por 5 minutos. Sazonas y agrega el ajo, azafrán y cayena o chile, al minuto le agregas los calamares picados, jitomate, laurel y la mitad del vino blanco. Mezcla bien y baja el fuego, agregas una taza de agua y deja cocer por 10 minutos y agregas la tinta. Dejas otros diez minutos y ajustas sazón. Apaga el fuego y haces el arroz:

Derrites la mantequilla y agregas la otra mitad de la cebolla a que cristalice, pones poquita sal y a los 5 minutos agregas el arroz y dejas que se cueza por dos minutos.

Mantienes medio fuego y agregas el resto del vino blanco, en cuanto se evapore un poco, incorporas dos tazas de caldo y mueves con una palita el arroz y a los 5 minutos, en cuanto se haya absorbido el líquido, agregas otra taza de caldo. Por último, incorporas la mezcla del calamar y la última taza de caldo a que todo se mezcle bien y el líquido se evapore. La clave es darle tiempo a que el arroz se vaya cociendo y absorbiendo los líquidos y sabores. Aproximadamente 20 minutos. La consistencia deberá ser algo suelta pero no totalmente seca.

Sirve con ralladura de limón y perejil.

Risotto Nero

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