
En julio me mudé de casa. No estaba programado hacer la mudanza tan de repente, pero se conjugaron una serie de factores y lo principal, se liberó una oportunidad que llevaba algún tiempo persiguiendo, así que en cuestión de 15 días, agarré mis cosas, mis perros y las plantas que pude, y regresé a mi barrio de siempre.

Me encantaba vivir en mi antiguo departamento. Era amplio, ventilado, con un balcón fenomenal que me salvó durante la pandemia, y una vista muy linda. Pero al final el ruido de la zona pudo más y las necesidades de mi perro senior fueron mayores.
Todo el mundo que se ha mudado de casa sabe que es algo que hay que evitar a toda costa. Mudarse es un ejercicio para los fuertes de corazón y de músculo. Te enfrenta a tu yo del pasado (ese que acumuló triques inservibles y dejó a la procrastinación la tarea de tirar cosas en cada esquina de la casa). Llegar a un nuevo lugar es como mudar una planta de maceta. Toma tiempo acomodar las raíces a una nueva tierra. Es incómodo y a veces duele. Quedé exhausta.

Un ajuste importante dentro de la nueva casa, fue que no tenía estufa. Así que aproveché este detalle para comprar una nueva, con foquito para ver adentro del horno y toda la cosa. Pero por alguna razón sentía temor de estrenarlo. No encontraba la receta ni el tiempo, ni la paz para hornear algo.
Un buen día en el que ya no me quedaban mas que un par de cajas por acomodar, decidí romper con mis excusas y fui a comprar unos duraznos, mantequilla y una nieve de vainilla para hacer un cobbler.
Un cobbler es de origen una combinación de fruta madura y jugosa, cubierta con un pan estilo bisquet (un poco salado, apelmazado y seco), que con el jugo, acidez y dulzura de la fruta, queda muy bien para comerlo con helado. La receta la encontré en Smitten Kitchen, ya que prometía cortar ciertos tiempos y procedimientos.
Ingredientes:
- 4 o 5 duraznos grandes y maduros, pero firmes, cortados en rebanadas
- El jugo y ralladura de un limón (el amarillo es más dulce, el verde más agrio)
- 75 gr de mantequilla
- 300 gr de azúcar (una taza y media, reservando un cuartito para espolvorear al final)
- 190 gr de harina
- 2 cucharitas de polvos de hornear
- 1 cucharita de sal
- 3/4 taza de leche
- 1/2 taza de agua caliente (usé la mitad, a que el azúcar se cubriera sin encharcar)
Procedimiento
Precalienta el horno a 175°C, coloca una charola para cualquier escurrimiento. Coloca tus duraznos en un molde rectangular de 9 x 13 (22 x 33 cm), les espolvoreamos la ralladura y el jugo.
Mezcla en una batidora el azúcar (reservando un cuarto de taza para el final) y la mantequilla. Agrega la harina, polvos de hornear y sal hasta que se combine todo bien. Incorpora la leche con cuidado y bate por un par de minutos. Vas a ver que tu masa se ve un poco esponjosa.
Pon la masa encima de los duraznos con un cucharón y acomoda bien para que se esparza bien. Espolvorea el resto del azúcar y pones tu agua caliente. Metes al horno por 50-60 minutos a que se dore y un palillo salga seco.
Deja que el cobbler se enfríe un poco (esto ayuda a que los jugos de los duraznos se espesen un poco. Puedes servirlo con helado de vainilla.