
Cuando éramos niñas, mi mamá nos mandaba a la Ciudad de México (en ese entonces nos mandaba al D.F., así de viejas estamos) a pasar las vacaciones de verano. Las casas de los abuelos y tíos paternos y maternos tenían la ardua labor de alimentar de tres a siete niños, dependía la ocasión por los veranos e inviernos que nos vieron crecer. En casa de mi tía Rosy se consumían diariamente cajas enteras de Froot Loops (Fruti Lupis), el pan duro que ella reservaba para el pato (lo metíamos al horno con mantequilla de maní y azúcar) y hacíamos licuados de mango que terminaban en el techo de la cocina. ¿Los niños? Divertidísimos y creciendo. ¿Los adultos? Sigo sin entender cómo nos soportaban y cómo podían mantener a flote con nuestro apetito voraz de adolescentes aburridos en crecimiento.

Una de las comidas más socorridas era la sopa Campbells. En las alacenas de mis abuelos sobre todo, había una colección de sopas Campbells digna del Moma. Recuerdo perfecto cómo mi abuelita decidía la comida de manera práctica: Sopa Campbells por elección popular: Champiñones, Elote y Tomate (combinación ganadora), Flor de Calabaza y cuando nos enfermábamos de la panza, pollo y tallarines. Ya de plato fuerte habría bisteces o pollo y frijoles negros.
Regresando a casa, creo que mi mamá prefería meter en la licuadora unas zanahorias o frijol y hacernos cremitas. Pero el recuerdo de las sopas Campbells siempre me ha resultado como algo cómodo, casi como un gusto culposo que se acentúa cuando hace frío o llueve como en verano en la capital.

Ya en la edad adulta, debo reconocer que seguí el ejemplo de mi mamá y en lugar de comprar comida enlatada, empecé con la interminable aventura de cocinarme y cocinar para otros. Cuando me independicé, compré un libro de la serie de Williams & Sonoma que me sirvió de guía para cocinar de forma cotidiana. De ese libro que se llama Sopas y Guisados, saqué esta y muchas otras recetas que me hicieron olvidar un poco las Campbells, hasta que llega la temporada de lluvia.

Crema de Tomate con Pesto
Rinde de 4 a 6 porciones
Ingredientes
- 1/4 tz aceite de oliva
- 1 cebolla amarilla o blanca, finamente picada
- 1 zanahoria pelada y cortada en cubitos
- 1 tallo de apio picado
- 1 diente de ajo picado
- 1/4 tz de harina
- 6 jitomates tipo bola sin piel ni semillas o una lata de tomates de 875 gr (esto te evita quitarle la piel y semillas). Si decides usar los tomates frescos, puedes colar la sopa al final.
- 2 cucharadas de hojas de albahaca fresca picada
- Una cuchara de pasta de tomate (opcional, esto acentúa el sabor de la sopa, en especial si los jitomates no están muy maduros).
- 1 cucharadita de azúcar
- 3 tazas de caldo de pollo o verduras (si usas la lata de tomates, pueden ser dos tazas porque usarás el jugo de los tomates)
- 1 taza de leche o media taza de crema (depende si la ves muy aguada al final, opta por la crema, o puede ser al gusto del comensal)
- sal y pimienta blanca (es más suave el sabor, o podría ser paprika, o chile en hojuelas, ¿qué tan aventurero te sientes?)
En una olla grande vas a verter el aceite y primero va la cebolla por 5 minutos, luego el apio y zahahoria a que se suavicen un poco. Luego el ajo pero solo por un minuto. Agregas la harina que hará que tu sopa se espese.
En cuanto la harina esté bien incorporada, agregas el jitomate, albahaca, puré de tomate, azúcar y el caldo. Reduces el fuego y vas a cuidar que no se pegue en el fondo de la olla. La cuidas por veinte minutos a que hierva y los vegetales se cuezan y estén tiernos. Luego retiras del fuego y puedes echar el contenido en una licuadora con mucho cuidado, o usas una batidora de inmersión. Aquí es al gusto, si quieres homogénea entonces dale a la licuadora y luego la pasas por una coladora, o así unas pulsaciones con la batidora a que quede con pedacitos de verdura.
Luego la regresas al fuego bajo e incorporas la leche o crema y salpimientas al gusto. Al final puedes servirla con un pedacito de pan gratinado, una cucharita de pesto o unas hojitas de albahaca. ¿Quién extraña las Campbells?
Buenísimo, genial, me encantó, mándalo a Rosy especialmente de agradecimiento, a Martha también le va a gustar leerlo
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