Un camote rostizado con pepitas de calabaza

Estábamos en los primeros días de la pandemia. Mucha gente se dio cuenta que ya no podría salir a los restaurantes como antes, y que ahí tenía una cocina lista para ser usada. Los creadores de contenido vieron una oportunidad de oro y empezaron a subir recetas para que la gente tuviera en qué entretenerse, y qué comer.

Yo, que ya tenía mis redes sociales inundadas de perfiles de comida, cocineros, restaurantes, y recetas, empecé a anotar y reproducir las que me parecieran más interesantes. Y entonces, unos días antes del 20 de abril de 2020 como muestra mi historia de Instagram, vi esta receta en Tasty de Buzzfeed (quién no recuerda haber hecho sus cuestionarios para saber qué banda de los 90s eres. Creo que me salió Smashing Pumpkins o una banda por el estilo, ¿qué mas iba a salir?). En fin, que esta receta se denominaba: packed protein roasted sweet potato o algo asi, la verdad ya no la he vuelto a encontrar. Pero la anoté y desde entonces la hago muy seguido. Porque es muy versátil y puedes cambiar ingredientes conforme tengas o se te antojen.

Afortunadamente, y porque en ese entonces teníamos tiempo de sobra, anoté la receta en mi recetario físico. Así que aquí está:

INGREDIENTES

  • Un camote medianito… como del tamaño de una papaya cubanita, haz de cuenta
  • dos cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharada de miel maple o de abeja
  • 1 cucharada de paprika
  • 1 ajo picado
  • sal y pimienta al gusto
  • 1/4 de taza de pepitas de calabaza (las que vienen sin cáscara, verdes)

Para la cama de hojas verdes puede ser: espinaca, kale, arúgula o alguna combinación del tipo

Puedes incluir quinoa, couscous, garbanzos, pasta, etc.

Queso feta creo que es el ideal porque no es tan cremoso como el de cabra, ni tan salado como el parmesano, pero a cada quien su gusto.

Aderezo:

El que venía en la receta original va así:

1/2 taza de tahini

1 cucharada de miel de maple

1/4 t de agua

el jugo de un limón eureka (el amarillo)

sal y pimienta

Yo para esta utilicé un aderezo de mostaza rústica que va así:

2 cucharadas de mostaza rústica (la que viene con los granitos)

1 cucharadita de vinagre balsámico

1 cucharadita de vinagre de manzana o estragón (si no tienes de esos no pasa nada)

miel de abeja o maple (a mí, en los aderezos me gusta ponerle un poquito de miel para romper con el ácido de los vinagres o limón)

1/4 tz Aceite de oliva o alguno más ligerito como de pepita de uva o girasol

1/4 tz agua

Mezclas todo y listo tu aderezo.

Procedimiento

Precalientas el horno a 180°C y pelas y cortas el camote en cubitos. Preparas el aderezo que usarás para rostizar el camote mezclando el aceite, paprika, sal pimienta, ajo y maple. Viertes el aderezo en el camote y lo metes al horno por 25 minutos. Luego sacas la charola con mucho cuidado y mezclas las pepitas de calabaza, asegurándote que se envuelvan bien con el aderezo. Si es necesario le pones poquito más aceite si ves muy seco el camote. Lo regresas al horno por otros 15 minutos más hasta que veas que las pepitas se hayan tostado y que el camote se rostizó, no solo que se haya cocido sino que tenga como un poquito de dorado.

Una vez que está listo el camote, lo dejas enfriar un poco y lo pones sobre una cama de hojas (espinacas, kale, arugula, etc) y agregas quinoa, pasta, garbanzos, etcétera, y tu aderezo favorito de los que di arriba o una vinagreta simple.

https://www.instagram.com/reel/C8A-wv_O-H_/?igsh=MTNsYXhiZWN6ajY2bw==

The Lemon Bars Session/Unas barritas de limón amarillo

Zessty

Mi ex-esposo y yo teníamos un bar, que también era una tienda de discos. Yo me encargaba de hacer los postres, entre otras cosas (la comida era muy buena, pregúntale a quien quieras). En el bar teníamos una colección de vinilos. Comprábamos unos para vender, y otros para tocar. Entonces yo tocaba de vez en cuando, mis discos y los de esa colección. También teníamos un perrito que se llamaba Paul.

En marzo de 2018 cerramos ese bar. Por una y mil razones. De paso, también nos divorciamos. Se llegó la división de los activos, pasivos, los discos, y los perros (ya estaba Lilos con nosotros). Los activos, pasivos y los perros en realidad fueron acuerdos civilizados, cordiales. Pero, cuando llegó la división de los discos, ahí sí entró la rebatinga. La negociación, el «te dejo el de Pulp pero me quedo con el de K&D Sessions» que luego terminé comprándole… la vida da, la vida quita. Al final de todo terminé con algunas joyitas muy entrañables. No era para nada una colección grande, pero eran mis discos.

En 2022, ya entrada la pandemia, Paul, el perro, enfermó de gravedad. Hospital, cardiólogo, medicinas, «a tu perro lo tenemos que dormir» Y la cuenta tremenda qué liquidar. En ese entonces no tuve otro remedio mas que vender esas joyas entrañables. Esos discos que había podido negociar o re-comprar.

Total que me quedé con pocos discos. Para nada los suficientes para armar una sesión en un bar más darksss (vendí el de Unkle, el de Trainspotting, Cold Cave, el de Horrors!!!) pero sí para armar alguna sesión más dulcecita. Y estos últimos años no pude repoblar mi colección más que con unos cuantos discos (Porque Paul el perrito sobrevivió un par de años más, pero los gastos de medicina y vet fueron constantes, y considerables).

Entonces, llega abril de 2024 y me invitan a tocar y digo que sí y entro en pánico. Pero, ¿qué voy a poner, pura suavecita y un par de rolas punk? Ya ni New Order tengo! Los de Blur y el de Stone Roses (la edición japonesa, el disco amarillo!!!) los vendí con lágrimas y lamentaciones… En fin, dije que sí y me di a la tarea de hilar canción por canción. Mientras hacia la playlist, recordé estar en el bar y pensar en el postre que haría para la temporada. Desde hace rato tenía ganas de hacer unas barritas de limón y le sugerí al que me invitó si le latía que llevara un postre y entregáramos una barrita por cada IPA, aceptó.

Entonces hice la playlist e hice las barritas. Puse los discos en una bolsa y las barritas en un refractario y con la ayuda de mi mejor amigo, el Jorkitas, nos fuimos al bar. En general me fue muy bien, siento que la lista fluyó y tuve solo un percance con la aguja, saltó un poco en el disco de Warpaint pero puse el de Daughter antes y cambiamos la aguja. Asunto arreglado.

La lista la tienes aquí, así que tú serás el juez de esta mezcla de Bjork, Beach House & Fossils, Pulp, Massive Attack, Radiohead, Hope Sandoval, Smashing Pumpkins (con la rola más larga para ir al baño y saludar), King Krule, Bon Iver y Twilight Sad; y mi última canción, Does Not Suffice de Joanna Newsom (que no está en la playlist porque Joanna Newsom is not on Spotify).

Lemon Bars Session

Ah y la receta de las barritas. La saqué de mi libro de Tartine, que es una panadería/pastelería de San Francisco. Me gusta seguir sus recetas porque son muy precisos y técnicos en sus instrucciones. Como lo es la repostería.

Ingredientes:

Para la costra

  • 55 gramos de azúcar glass (media taza)
  • 215 gr de harina (1 1/4 taza)
  • 170 gr de mantequilla a temperatura ambiente (3/4 taza)
  • 55 gr de piñones (1/2 taza) yo aquí he usado almendras picadas.

Precalienta el horno a 350°F o 180°C . En una batidora, mezcla el azúcar y la harina, agregas la mantequilla y las almendras o piñones hasta que tengas una masa homogénea. La esparces bien en un molde de 9 x 13 previamente engrasado. Si tienes unas pesitas para hornear, pones papel estrasa encima de la masa y colocas tus pesitas (pueden ser frijoles, la verdad. No tengas miedo! ni se cocerán, ni sabrá a frijol tu masa). Checa tu masa en unos 25 minutos y puedes voltear la charola para que se hornee uniformemente. Mientras haces el relleno.

Relleno

  • 70 gr de harina (1/2 taza)
  • 455 gr de azúcar (2 1/4 tazas -es un montón!)
  • una taza mas 2 cucharadas de jugo de limón eureka – el amarillo (280 ml) ojo! antes de exprimir todos tus limones, quítale la ralladura a uno*)
  • *La ralladura de un limón
  • 6 huevos
  • 1 yema
  • una pizca de sal

Mezclas el azúcar y la ralladura para que se perfume bien, agregas la harina y el jugo. Bates bien para que se disuelva el azúcar. Bates los huevos con la sal, la sal ayuda a que los huevos se disuelvan y mezclen más rápido. Incorporas los huevos a la mezcla del jugo.

Si tu costra estuvo antes, le quitas las pesitas con cuidado, es más fácil que viertas el liquido en la costra mientras el molde está en el horno. Hazlo con cuidado Y asegúrate que tu costra no se haya enfriado. Una vez vertida la mezcla, bajas el horno a 300°F o 150°F y horneas por 30 o 40 minutos, depende tu horno y hasta que la superficie parezca firme pero gelatinosa. Sacas del horno y dejas enfriar bien, luego refrigeras antes de cortar. Puedes espolvorear poquita azúcar Glass para decorar y también cortar la acidez. Listas!!!

Hagamos un pastel de chocolate

Voy cayendo en cuenta de que no subía ninguna entrada en el blog desde septiembre. Cosas pasaron. El Guadalupe-Reyes 2023 vino y se fue y se llevó a Paul al cielo de los perritos. Y no le quiero echar la culpa a ese evento tan anunciado por casi dos años de haber sido la razón por la que mi ritmo de hornear haya sido tan intermitente, precisamente en estos dos años.

Tuvieron que ver muchos factores. El fin del confinamiento por la pandemia, la mudanza que implicó cambiar mis tiempos en la cocina para preparar mis comidas diarias, y el tiempo y recursos que implican cuidar a un perro de la tercera edad con problemas de salud. Solo quienes tenemos mascotas en esas condiciones sabemos lo que eso conlleva.

Pero este post no es para hablar de Paul ni de esa situación tan particular. Es para regresar al horno. De manera dudosa y no sabiendo bien por dónde recomenzar. Yo digo que siempre es bueno comenzar con lo básico. Algo sencillo para experimentar, intentar recetas que has visto una y otra vez y piensas: en la primera oportunidad la hago. No se ve complicada y creo que tengo todos los ingredientes. Un día de estos. Ya verás.

Y bueno, tenía antojo de un pastel de chocolate, de esos esponjosos, con sabor profundo y sencillo a la vez, con un betún clásico, cremosito pero que no opaque al pastel, y nada seco, por favor! Tengo varias recetas pero algunas son más complejas que otras y cuando vi que esta en particular puede hacerse sin batidora (el pastel, el betún que elegí sí necesita batidora), dije hoy yo llevo el postre a la carne asada.

Entonces, la receta está muy fácil, prácticamente ya la memoricé y eso es lo que logra que vayas formando tus básicos. Creo que este pastel puede ser uno de los que haré una y otra vez. La encontré en el perfil de scientifically sweet y se proclama como the BEST moist chocolate cake y creo que no anda presumiendo cosas que no es.

Ingredientes

  • 250 gr. de harina
  • 56 gr. de cocoa
  • 1 cucharita de bicarbonato de sodio
  • 1 cucharita de royal
  • 200 gr. de azúcar standard
  • 110 gr. de azúcar mascabado
  • 3/4 cucharita de sal
  • 180 gr. de crema ácida
  • 120 gr. de aceite vegetal (yo usé de pepita de uva)
  • 2 huevos
  • 1 cucharita de esencia de vainilla
  • 240 ml de café recién hecho (caliente).

Procedimiento

Precalentar el horno a 180°c (350°F); engrasar y enharinar dos moldes redondos de 20 cm, yo usé uno rectangular de 22 x 33 y ahí mismo lo embetuné para llevármelo.

Listo para el picnic, la carne asada, la reunión familiar

Cernir harina, cocoa y los polvos para hornear. Agrega las azúcares y la sal muy bien a que no queden grumos. En otro bol mezclar la crema, aceite, huevos y vainilla a que se homogeneice bien. Mientras hazte el cafecito. Incorpora bien los ingredientes secos con la mezcla de la crema, se verá un poco seca; vierte el café poco a poco hasta que todo se integre bien. Hornear por 30-35 minutos. Yo diría revisarlo a la media hora y si al insertar un palillo de madera, éste sale limpio, ya está listo!.

Betún

1 barrita de mantequilla de 90 gr a temperatura ambiente

2 tazas de azúcar glass

50 gr de cocoa (como media taza)

1 pizca de sal

1/3 de leche

Batir la mantequilla hasta que se suavice, agregar el azúcar bien cernida junto con la cocoa y la pizca de sal. Dejar que se esponje un poco, es decir dale a la batidora unos dos o tres minutos. Agrega el chorrito de leche poco a poco. Espera a que el pastel esté frío para embetunarlo.

El pay de queso con la costra quemada, porque Gabita tenía razón.

En abril subí un post en honor a mi tía Gabita que decidió morirse de repente, como dice mi hermana Ale. Ya han pasado varios meses y, aunque seguimos todos extrañándola mucho, su esencia sigue entre nosotros. No hay día en que no encuentro un pequeño detallito en mi cocina, regalo de navidad o de algún viaje.

Este fin de semana, aprovechando las celebraciones del 16 de septiembre, mi mamá hizo chiles en nogada. No te daré la receta porque ni siquiera me acomedí a ayudar a prepararlos. Mi tía Susana vino desde Tuxpan, cargada de una olla de chongos zamoranos hechos por ella misma, y se pusieron a cocer y desvenar los chiles, hacer el relleno de picadillo, desgranar las granadas y preparar la nogada. Y hacer el arroz.

Yo me animé a hacer el pay de queso de Gabita, del que platico en una entrada anterior. Y mira, cuando le pedí la receta del pay a Gabita hace ya algunos años, en el mismo mensaje, ella advertía sobre el tiempo de cocción. Su receta decía «como 46 minutos horno a 200 Este dato no es confiable».

Así que, preparé una costra sencilla de galletas marías que va así:

  • Un paquete de galletas marías
  • 1/3 de azúcar mascabado o normal
  • 1 cucharita de canela
  • y 6 cucharadas de mantequilla, como 4/5 de un paquete de 90 gr.

Precalientas el horno a 175°C. Mezclas los secos en un procesador de alimentos y luego incorporas la mantequilla derretida (o en la licuadora pero si no es muy potente, se te puede quemar el motor. En ese caso, mueles las galletas con el azúcar y canela, luego lo pasas a un molde para mezclar con la mantequilla y lo acomodas en un molde tipo pyrex, o uno para pay). Metes la masa al refri 20 minutos y luego lo pones al horno a que se dore por 15-20 minutos.

En la licuadora es más difícil

Mientras puedes ir haciendo el relleno que es tan fácil como echar en la licuadora (o en el procesador, lo que tengas) lo siguiente:

  • 250 gr de queso chihuahua o manchego, cortados en pedacitos.
  • 4 huevos
  • 1 lata de lechera
  • Una cucharita de vainilla, y eso es todo!

Mueles todo y una vez que tu costra esté lista, la sacas del horno y le pones el relleno. Bajas el horno a 160° Y puedes poner tu pay sobre una bandeja de cocción. Cueces por media hora y lo revisas, haces la revisión del palillo y lo sacas. porque el mio efectivamente se me pasó por unos 5 minutos y se quemó! pero aún así se lo acabaron todo, no te preocupes si no sale perfecto.

Ahí se aprecia que el pay se estaba quemando!!!

Luego, derretí un poco de ate de guayaba y le puse unos pedacitos de nectarina como topping. Salió buenísimo (quemado y todo, durante el postre poco a poco se fueron comiendo la costra quemada. Ve tú a saber).

Mira, esos fueron 5 minutos de más en el horno…

En fin, que ese día, el espíritu de Gabita estuvo con nosotras. Susana traía una blusa que le heredó, y recordó lo mucho que le gustaban los chongos zamoranos. Meses después, sigo escuchando su voz: no confíes en la receta!

El refrigerador es el corazón de la cocina

El viernes por la noche se me fue la luz durante la tormenta. Después de algunos minutos pensé en la batería de los electrónicos para terminar la peli que estaba viendo. Luego entré en pánico por las cosas del refrigerador. Y es que pocos percances domésticos se asemejan a la falla de un refrigerador.

Yo compré mi primer refri en agosto de 2005, cuando me independicé y había que amueblar el nuevo Depa. Acordamos Pau y yo, mi nueva roommate, que cada quien compraría un paquete de enseres de uso común. Ella eligió la lavadora, secadora y un futón y yo compraría el refrigerador, hornito y el comedor. Así vivimos felices un par de años.

En ese entonces comencé a cocinar de verdad. Entre semana, a cada quien le tocaban dos guisos y el viernes era de recalentado. El fin de semana era China libre. Me compré mi primer libro de Williams Sonoma, que se llama Sopas y Guisos, del que a la fecha sigo haciendo varias cosas como la sopa de tortilla, el chowder de elote, el pollo cacciatore y el cerdo con frutas secas que inspiró la receta del pavo de navidad.

En 2007, Pau se fue a España y yo me mudé junto con mi refri, comedor, mi gato Julian y la tortuga Casiopea a la casa de las arañas. Ahí vivimos Maris con su schnauzer Vaio, Cindy, Nayiv y yo en una casa con un jardín de 100 mts2 (donde ya habitaban las arañas lobo). Mi refri siguió dando servicio a estudiantes, borrachos, estudiantes borrachos, novios y galanes, y siguió almacenando mis guisos e insumos.

Cuando me casé, en 2009, el refrigerador fue parte de mi dote. Alex tenía lavadora y secadora y algunos muebles de la casa de campo de sus papás. Casiopea se quedó en el jardín de las arañas pero Julián nos acompañó hasta que Paul el Schnauzer llegó a nuestro pequeño hogar en la calle más bonita de la ciudad.

El Refri, Sidra Santoclós & Paul, 2010

El refri fue fiel compañero por 7 años y entonces hubo que mudarnos a lo que, años después se convertiría en la colonia más cool del mundo. Refri seguía ronroneando y enfriando cervecitas y sobras del bar que pusimos Alex y yo. Cerramos el bar y dimos por clausurado el matrimonio. Adivinaste, el refrigerador se quedó conmigo.

En ese entonces, ya por 2018, el Refri daba sus primeras muestras de desgaste. La puerta no cerraba bien y como arreglo temporal, le puse una cinta amarilla. Parecía como mal consejo de dieta.

Mágicamente Refri se compuso y ya cerraba bien. Le funcionó la dieta. Y entonces siguió enfriando sopitas, quesos, botellas de vino a medio tomar. Congeló pasteles y croissants y costras de pays. Ya habíamos entrado en la pandemia. Rostros conocidos y nuevos alimentaban y se nutrían del generoso refri que solo observaba.

Hasta que un día regresé del trabajo y la cocina estaba encharcada. La bolsa de hielos se había derretido toda y había empapado las masas de hojaldre y se descongelaron salmones y arándanos.

Joey’s wisdom – eat the fridge!

Llamé a un técnico, porque eso hacemos las personas arriba de 40 años. Me preguntó cuántos años tenía mi Mabe… haciendo cuentas rápidas le contesté que tenía 16 añitos.

-¡Huy no! de seguro ya no hay las partes para repararlo. Esos refrigeradores ya se descontinuaron.

Así que tomé la decisión lógica de reciclar mi refri viejo, despedirme de él y comprar uno nuevo. Pero mira, cuando cambias un refri, no es simplemente sacar el viejo y traer el nuevo, como si fuera un comedor. No, aquí implica ver con pánico cómo los salmones que uno tenía pensado para un momento especial irse gradualmente descongelando, así como esos arándanos que tenías guardando para la cena de acción de gracias, o la pasta de hojaldre para los croissants que nomás no te atreves a hacer. Y entonces comienzas a comer salmón en martes y haces salsa de arándanos en septiembre, y hay que ver quién se lleva el refrigerador inservible (hay compañías que lo reciclan, pero hay que pagarles y hacer cita para que se lleven al viejito a su lugar de descanso final.

Refri ya fenecido, fuera de la cocina… esperando que pasaran por él

Y luego, mientras tanto, ir a la tienda, comparar nuevas opciones, hielitos o no, agua fría, iPad integrado, congelador abajo o arriba, o simplemente una caja para guardar la comida. Me fui por un término medio y compré un refrigerador de inteligencia promedio, que hace hielitos y surte agua fría y congela o enfría en 3 minutos. Así que muy feliz cambié mis queridos imanes de refrigerador e inicié este nuevo ciclo con uno nuevo.

Meet Frosti

En esos días me di cuenta de que el corazón real de la cocina, no es la estufa, sino el refrigerador. Pude darme cuenta de lo importante que es para mantener los alimentos frescos, para conservar lo que uno cocina o lo que pides a servicio a domicilio. Podrás no tener estufa, o usar una parrilla o el microondas, pero sin refrigerador, no puedes estar en tu casa, enfriando tu cerveza para una reunión, planear tus alimentos de la semana, congelar cosas para comerlas después. Incluso, cuando uno se muda, el momento justo en el que ya uno llegó finalmente a la casa nueva, es cuando puedes prender de nuevo el refri.

Así que hoy dale un poquito de cariño a tu refrigerador. Límpialo, saca las cosas que llevan ahí guardadas con la esperanza de ser comidas y que ya generaron vida propia, compra nuevas cosas y guárdalas ahí con mucho amor para ti mismo y tu familia, o quienes vengan a visitarte.

Los vegetales cociéndose a fuego medio

Entonces, el pollo cacciatore. Como lo dije al principio, esta receta la empecé a hacer en mis primeros años de vivir sola y cocinar. Es un platillo muy completo, con muchas verduritas, pollo y aceitunas. Lo puedes servir sobre una cama de arroz y es una comida muy satisfactoria.

Ingredientes:

  • 4 piezas de pollo (puede ser muslo o pierna)
  • 1 pimiento marrón del color de tu agrado
  • media cebolla
  • 250 gr de champiñones (de los que te gusten)
  • 2 dientes de ajo finamente picados
  • 1/2 taza de vino tinto – opcional
  • 2 jitomates saladet o uno bola
  • 1 cucharada de pasta de tomate (si tienes, la compras en tubo y acentúa el sabor de jitomate a los platillos. Recomiendo que tengas una en tu alacena)
  • un puño de hojitas de perejil o albahaca (como unas tres cucharadas)
  • 1 puñito de orégano seco.
  • 1 cucharada de vinagre balsámico
  • 1 /2 taza de aceitunas kalamata

Primero doras el pollo en el aceite de oliva con un poco de sal y pimienta. Lo sacas de tu olla y pones la cebolla picada a caramelizar unos 5 minutos. Agrega champiñones y pimientos y ya que se suavicen un poco, agregas el ajo. Al minuto viertes el vino tinto y dejas que se evapore un poco. Añades los jitomates con sus jugos, perejil, albahaca y orégano. Sazonas con sal y pimienta y bajas el fuego. dejas que se espese un poco la cocción cuidando de que no se pegue en el fondo de la olla. Pasando unos 10 minutos regresas el pollo dorado y tapas, dejas que se cueza el guiso como por unos 20 minutos a fuego lento. Añades el vinagre y las aceitunas. Rectificas la sazón y listo!

Las piezas de pollo se integran ya doradas
El vinagre balsámico al final
Así queda, luego lo puedes montar en arroz blanco

Dos pastas de emergencia para el Día de la Madre

Fusilli con salsa de pimientos, vegetales rostizados y Linguini Alfredo.

Hay días en el año en los que hay que evitar ir a un restaurant. Año nuevo, los 14 de febrero, cuando hay futbol… pero en especial, si se puede evitar ir a un restaurant el 10 de mayo, hay que tomar la oportunidad. Es entendible que ese día en especial, las mamás no merecen estar metidas en el estrés de la cocina. Por mucho que les encante cocinar y que el resultado sea muy bueno. Por lo menos el 10 de mayo, hay mucha gente que mejor opta por ir a un restaurant y la mayoría de las ocasiones, los lugares están abarrotados y encamotados y termina uno quedándole mal a la jefita.

Por eso, la mayoría de las veces, nosotras cocinamos en casa. Nos dividimos entre mis hermanas, mi mamá y yo, para hacer cosas ricas y celebrar toda la tarde en casa. Mi mamá, como buena madrecita mexicana, siempre está a principios de mayo organizando gente y menú. Pero este año, como estábamos en duelo, mi mamá estaba un poco distraída y total que estábamos en pleno 9 de mayo apenas pensando en hacer el pedido al restaurant de pastas. Claro, cuando llamé a las 4:30 ya las entregas estaban para las 6 pm del 10 de mayo.

Así que entramos en modo pánico mi mamá y yo y decidí hacer pasta y que mi mamá hiciera salmón. Yo la verdad tenía planeado hacer un pan de naranja al que le tengo ganas y que desde abril simplemente no he podido hornear. Otro día será.

Los ingredientes

Paso uno: subir al tanque de gas y verificar que me quedara suficiente para cocinar. Paso dos: Pedir gas de emergencia. Paso tres: Ir al super por los siguientes ingredientes:

Para la pasta de pimientos:

  • Media cebolla blanca
  • dos ajos
  • un pimiento amarillo, uno naranja (y una lata de pimiento rojo asado)
  • medio litro de crema de buena calidad
  • aceite de oliva
  • 500 gr de fusili
  • parmesano al gusto.

Para la pasta Alfredo

  • 500 gr de crema de buena calidad
  • 2 yemas
  • 4 cucharadas de mantequilla
  • 2 ajos
  • 1 taza de queso parmesano (del de verdad, así te lo dejo)
  • sal y pimienta al gusto
  • 500 gr de linguini

Para los vegetales rostizados:

  • dos calabacitas
  • dos berenjenas (no había así que conseguí calabacitas amarillas)
  • media cebolla morada
  • un pimiento rojo o del color que te guste
  • aceite neutral (vegetal, de pepita de uva, etc)
  • sal y pimienta
  • Vinagreta de balsámico para servir (aceite de oliva, vinagre balsamico, una cucharita de miel, otra de mostaza, sal y pimienta)

Tiempo total: A las 11 am estaba en el super haciendo las compras. A la 1:50 pm estaban las dos pastas y los vegetales listos para llevarlos a la casa de mi mamá.

Llegando del super, di gracias a los cielos porque ya habían surtido el gas. Precalenté el horno a 210°C para los vegetales. Puse dos ollas grandes con suficiente agua a hervir (digamos, a tres cuartos). Corté en rodajas los vegetales y los metí al horno con aceite, sal y pimienta. Ya que estaba hirviendo el agua, le puse suficiente sal, unas dos o tres cucharaditas. Soy de la idea de que el agua tiene que estar casi como agua de mar. Empecé a hacer la salsa de pimientos que es la más elaborada, mientras que echaba la pasta a las ollas. Elegí el fusili para esa salsa, linguini para Alfredo.

Doré la cebolla picada, ajo y pimientos en el aceite de oliva, solo a que se suavicen. Agregué los pimientos asados. Luego la crema y se sazona con sal y pimienta. No dejes que la crema hierva. Mueles en la licuadora la salsa. Por otro lado apagas el fuego y enjuagas la pasta, ya que esté al dente. Deja poquita agua de la pasta, como media taza, para que la salsa se suavice un poco. Podría ser también un poquito de vino blanco pero yo no tenía. Sirves la pasta en un refractario y pones poquito de queso parmesano (le robas a la otra pasta).

Mientras, la otra pasta sigue cociéndose porque es el linguini y tarda un poquito más. Una vez lista, la pones a enjuagar en una coladora y en la misma olla donde se cocía, pones la mantequilla con el ajo por unos minutitos, que no se te queme! Mientras vas a batir la crema con las dos yemas e incorporas esto a la mantequilla; Le agregas el queso parmesano rallado y dejas que se empiece a derretir poquito. Agregas sal y pimienta (creo que la pimienta tiene que ser un poquito generosa). Yo le puse como media taza de leche para que se aguardara la mezcla. Usa tu juicio culinario. Posteriormente puse la pasta por tandas como en movimiento envolvente con la salsa y listo.

Durante este tiempo, los vegetales se estuvieron rostizando, así que para la 1:50, estaban las dos pastas y los vegetales esperando a irnos a la casa de mi mamá. En cuanto llegué, montamos los salmones previamente dorados en el sartén sobre los vegetales y los metimos al horno por unos minutos solamente. Ahí estaban ya mi hermana Ale y Nicole su hija picando la manzana para la ensalada de espinaca con queso de cabra. Doramos pan con ajo y mi sobrino Rodrigo metió los portobellos en el hornito con aceite de oliva, sal y pimienta. Por último piqué jitomate deshidratado y aceitunas para montarlas en el pan o agregarlas a cualquiera de las dos pastas. Adriana compró un pastel de camino y Ale ya tenía un cheesecake de cerezas listo. Tuvimos una comida deliciosa, digna del día de las madres.

Sobró tanta pasta que cada quien se pudo llevar suficiente para congelarla.

Un pay de queso, que no es cheesecake.

Pay de queso estilo Vasco

Hoy tengo una receta muy especial que compartir. Es un pay de queso. No un cheesecake de queso crema. Es un pay hecho con queso de verdad, cortesía de mi tía Gabita.

En mi familia materna hay muchas mujeres que me han enseñado a cocinar, a hacer postres, ensalada de manzana, bacalao navideño, galletas de mantequilla, cremita de zanahoria. En el capítulo anterior hablé de la ensalada de manzana que hacía Gabita, de la cual le pediría autorización para subir la receta. Me dijo: sí Palomita, con gusto!

Gabita tenía una manera sencilla y elegante para cocinar. Muchas veces fui invitada a su casa a comer; en un ratito podía preparar una comida rápida pero siempre especial. El último año nuevo me quedé en su casa y el 31 en la tarde hicimos una comida ligera porque se venía el banquete de Año Nuevo. Así que me pidió que pusiera a cocer un huevo duro. Mientras pasaban los 9 minutos reglamentarios, me ordenó que picara un poquito de cebolla morada y unas alcaparras, que las mezclara con un poco de limón y aceite de oliva y luego le agregara el huevo cocido, también picado. Eso lo llevamos al comedor y lo montamos sobre salmón ahumado en unos panecitos tostados. Mi tío Fritz y yo tomamos vino tinto en unos mini vasitos de vidrio de Aeroméxico (en sus años mozos, ella y otras tías tenían la manía de robarse cucharitas, charolitas o esos vasitos de los aviones), ella tomó una cuba.

El postre del Año Nuevo fue un Pay de queso vasco que ella compró, yo hice un clafoutis de cereza

Total que Gabita siempre decía que los cheesecakes no eran de queso, porque el queso crema no es queso, y tiene razón. Por eso ella siempre hacía este pay de queso, que es super simple y es el tradicional que en realidad sabe a queso. La idea es simple: mezclas un buen queso tipo Chihuahua o Manchego con unos huevos, lechera y una base para pay, de las que se hacen con galleta Maria. Para la cena del año nuevo, Gabita quiso ir a comprar un pequeño pay estilo vasco. Le dije: Gabita yo hice uno hace algún tiempo! Quedé de pasarle la receta algún día. Aquí abajo dejo el reel y la receta es de Delicious Martha.

Gabita trabajó hace muchos años en el Consulado Mexicano de San Diego. Recuerdo perfecto que a su regreso, yo tendría menos de 6 años, nos trajo unas plumas con un trolebús que se movía conforme agitaras la pluma. Ella siempre fue muy detallista y le encantaban las miniaturas. Mi casa está llena de regalitos útiles como una tablita para partir queso, o una bandejita de Le Petit Prince que me trajo de Paris.

La semana pasada me mandaron a Tijuana a un curso y aproveché para pasar el fin de semana en San Diego. El sábado, mientras estaba escogiendo unos chocolates Ghirardelli para traerlos de souvenir, me avisaron que Gabita había muerto tras una estancia inesperada en el hospital. Dejé la bolsa de chocolates y salí a la calle. Sin saber a dónde ir caminé hacia la bahía, llorando y enviando mensajes de incredulidad y tristeza. Al fin llegué a Seaport y me senté frente al mar, llorando por la pérdida de esa mujer tan inteligente, graciosa, culta, generosa y tan querida por quien la tratara.

Seaport, San Diego

Gabita, al ser una ávida lectora, me prestó en la secundaria muchos de sus libros de Luisa María Linares y cuando supo que estaba estudiando francés, me mandó varios libros de Colette. Ella fue traductora español-francés, escribió en algún momento una columna en El Universal y finalmente trabajó en una fundación que impulsaba proyectos de jóvenes emprendedores.

Después de un rato de desconsuelo, me quedé viendo el mar y recordé que ella estuvo ahí hacía muchos años. Comencé a sentir oleadas de amor y confort, un viento suave me calmó el sopor de la cara ardiendo por el sol y entonces me paré. Me metí a un restaurant y pedí una cerveza helada y unas Fish and chips. Claro, seguía llorando y el mesero me preguntó si estaba bien. Le contesté que sí, que había una muerte en la familia. Me dijo si necesitaba algo, le pedí la salsa Tabasco (¿qué más le podía pedir, a hug?). Me trajo una pequeñísima botellita que decía Light things up. Lo tomé como un abrazo de ella. Pagué la cuenta y regresé a la Ghirardelli por esa bolsa de chocolates para repartir. Triste, pero con el corazón lleno de amor y gratitud por haberla sentido tan cerca, durante toda mi vida.

En nuestro chat de Whatsapp encontré la receta del pay de queso, aquí está:

La Receta

El pay de queso vasco que hice en septiembre de 2021 y claro que se lo compartí a Gabita, recuerdo que ella me sugirió agregarle una costra similar a la de su pie. Aquí está el reel:

Cheescake de quesos crema y de cabra con frutos rojos

En marzo tengo tres cumpleaños que celebrar y casi siempre hago o pastel o postre para las celebraciones. Y este año ya me adelanté y empecé con el primero que es un cheesecake doble queso (crema y de cabra) con un poquito de vino tinto y costra de chocolate.

Beer & Cheesecake 💛❤️🤍

Este cheesecake lo encontré en el blog de cocina del New York Times. Y lo introduje como el postre de primavera cuando tenía un bar. Me gustaba sacar postres de temporada que pudieran combinar con las cervezas artesanales que teníamos a la venta. Éste en especial queda muy bien con una stout o incluso con una IPA, o con un vino tinto o blanco. ¿cafecito? también.

La foto del NYT

He jugado mucho con la receta en especial intercambiando la costra o la fruta con la que puedes combinar los dos quesos. Por ejemplo, el año pasado hice uno con la costra sin cocoa porque a Selene no le gusta el chocolate. Y este año las fresas que compré fueron, en palabras de Miranda Pressley: una decepción. Por suerte tenía unas bayas o berries combinadas en el congelador y las utilicé para el relleno. Tenía unas cerezas maraschino en almíbar y las usé como decoración, o se puede usar fresas que sí sepan a fresa como guarnición.

Una nota importante es que la cantidad de grenetina que lleva la receta original, me resulta insuficiente para obtener un cheesecake sólido. También influye cuánto mueles tu fruta y qué tan homogénea queda la mezcla. Es decir: en la imagen del NYT, el cheesecake parece estar sin molde, pero me ha pasado que si lo desenmoldo, se desparrama! Sigue delicioso pero: o le pones el doble de grenetina, o lo sirves en un molde tipo pyrex como en el reel que te dejo abajo. Advertidos quedan. Es una delicia, eso sí. El año pasado se peleaban por el molde, porque queda ya sabes, la costrita con el cheesecake derretido y es una cosa sabrosísima.

Ahí va uno de tres. Faltan dos retos más: un pastel sin azúcar y sin chocolate y un ugly cake, y no creas, es difícil superarme año tras año. Pero eso vale un post completo.

La cantidad de azúcar que lleva la receta es poca relativamente, y al usar queso de cabra, el resultado es un cheesecake menos dulce, con una textura, no quiero decir salada o terregosa, pero es esa cualidad del queso de cabra que agrega un toque tipo… tipo danonino de fresa! Tendrías que probarlo para entender. Así que ahí te va la receta:

Ingredientes

  • 115 gr de mantequilla (una barrita mas una cucharada, a temperatura ambiente
  • 30 gr/2 cucharadas de azúcar mascabado
  • 30 ml de miel / 2 cucharadas
  • 125 gr / 1 taza de harina
  • 35 gr / 1/4 tz de harina integral
  • 1 cucharada / 7 gr de cocoa
  • 3/4 cucharita de sal
  • 1/4 cucharita de canela

Para el relleno

1/2 tz de vino tinto

3 cucharitas/ 7 gr de grenetina

455 gr de queso crema a temperatura ambiente

225 gr de queso de cabra a temperatura ambiente

135 gr de azúcar / 2/3 taza

455 gr de fresas o alguna otra fruta picada. Necesitarás unas dos o tres más para el adorno.

Procedimiento

Para la costra: Si tienes un procesador de alimentos, este es el momento para usarlo. Mezcla la mantequilla, miel y azúcar. Aparte cierne los polvos, y unifica los secos con la mantequilla para crear una masa uniforme. Haz un disco como de unos diez centímetros y cúbrelo con plástico o papel encerado por un par de horas en el refri.

Precalienta el horno a 160°C. Saca la masa unos 10 minutos antes de extenderlo en tu molde con un rodillo. Pica tu masa con un tenedor para que no infle (o puedes ponerle unas pesitas como frijoles (poniéndolos sobre una capa de papel encerado). Regresa el molde al refri unos 20 minutos. Lo metes al horno sobre una charola al rededor de unos 25 minutos. Dejas que se enfríe el molde por completo.

Cocoa Disco

Para mezclar los ingredientes del relleno, en caso de que no tengas un procesador de alimentos, puedes usar la licuadora. Solo ten cuidado de no moler mucho la fruta para que quede con cierta consistencia, con pedacitos de fruta.

Prepara tu gelatina: En una ollita pones el vino e hidratas la grenetina, echas el polvo y revuelves todo a que el vino lo absorba bien. Como a los 10 minutos pones a calentar el vino pero que no hierva, te darás cuenta que ya está listo porque los grumos se deshacen. Apagas el fuego y reservas.

Fíjate que el vino no esté hirviendo porque la grenetina pierde sus poderes

Mientras tanto, mueles los quesos y el azúcar en el procesador o licuadora, e incorporas la fruta y la mezcla del vino y grenetina. En cuanto esté una mezcla homogénea, la viertes en la costra ya fría y metes tu cheesecake al refrigerador por mínimo 6 horas.

Antes de servir, decoras con un par de fresas, o cerezas en almíbar, lo que tengas a tu alcance. Puedes espolvorear un poquito de canela al final. Listo!

Este fue el que hice el año pasado.

El famoso pastel de chocolate sin harina

Podría parecer que un pastel de chocolate es siempre un pastel de chocolate. Pero en realidad puede haber decenas de estilos, consistencias, nivel de intensidad de cacao, combinaciones, textura y claro, hasta color si pensamos en un red velvet que en principio, tiene base de cocoa. Pero ya hablamos de eso anteriormente.

En fin, cuando uno piensa en un Pastel de Chocolate, uno piensa en La Montaña que Bruce se come en Matilda. Algo decadente, que te enchina los dientes solo de pensarlo y hasta puede llegar a marearte. Creo que ese tipo de pastel puede llegar a ser too much para comerlo regularmente, incluso para prepararlo.

Bruce! Bruce! Bruce!

Pero cuando te surge el antojo, y piensas: «necesito comerme un pastelito de chocolate, pero no tengo la energía ni el tiempo de batir, mezclar, hornear, esperar, hacer betún, y comerme mi pastelote», puede que decidas ir a una pastelería o pasar días o semanas hasta poder sucumbir al deseo.

Este pastel que te voy a presentar, te toma aproximadamente una hora o menos en hacer. y puedes guardar lo que te sobre en el congelador y tenerlo listo para cuando ataque el antojo.

Este tipo de pastel sin harina, sin gluten, flourless, como lo conozcas, puede tener algunas variaciones. Hay quienes dividen las yemas y montan las claras para hacerlo un poco más esponjoso, o les ponen un par de yemas extra, o incluso les agregan una o dos cucharaditas de harina para darle un toque crocante a la costra, tipo brownie. En todos los gustos y procedimientos cada quien deberá encontrar su predilecto.

Oui, oui !

Esta receta la saqué de mi libro de Trish Deseine que se llama Je Veux du Chocolat! Híjole. Fue de los primeros libros de recetas que me compré hace muchos años pero una anécdota increíble que me pasó, es que cuando yo tenía mi bar, pues un día llegaron unas francesitas y me tocó atenderlas. Tenía a la venta un pastelito de chocolate que se llamaba Amy, muy similar a esta receta, y surgió en la plática que tenía mi libro de Trish y les comenté que era mi biblia chocolatera. Y una de las chicas me dijo que ¡era su suegra! ¡huy, casi me muero! Le mandé muchos saludos!!! Muy linda la chica me dijo que le pasaría mi recado y me contó que estaba preparando un libro de recetas irlandesas.

En fin, aquí está la receta. Yo la partí en cuatro porque solo necesitaba un par de pastelitos, pero te paso la receta para unas 8-10 porciones. Es de esas que puedes dividir fácilmente:

Pastel muy denso sin harina ni batidora, de Trish Deseine.

  • 430 gr de mantequilla
  • 430 gr de chocolate semiamargo o amargo (55-70% cacao)
  • 8 huevos, una pizca de sal.
  • 180 gr de azucar
  • 300 ml de crema de leche.

Precalienta el horno a 180°C

Enharina un molde de 24 cm. (Yo tengo uno de silicon que me funciona muy bien porque el pastel sale fácilmente una vez que dejas enfriar. Pero uno normal puede funcionar, te recomiendo que le pongas silibake o papel encerado para que salga con mayor facilidad).

Derrite la mantequilla con el chocolate a baño maría o en el microondas en tandas de 30 segundos. Mezcla con la crema y agrega el azúcar. Por separado, monta ligeramente los huevos con un tenedor o un mezclador tipo burbuja, solo a que se mezclen bien y espumen poquito. Agrega una pizca de sal. Mezcla ambas cosas (tu chocolate y los huevos) vas a notar que la mezcla se siente un poco gelatinosa, como sedosa, así está perfecta. Viertes en tu molde o moldes y metes al horno, como por media hora o 40 minutos. En la prueba del palillo está bien si salen algunos grumitos. Lo ideal es que dejes el pastel a enfriar un par de horas o incluso toda la noche para que se termine de cuajar. O te lo comes luego luego con un poquito de frutos rojos o helado de vainilla.

Albóndigas en salsa rápida de tomate, y unos gnocchis.

Por muchos años, tuve la enorme y poco común fortuna de vivir a una cuadra de mi trabajo. A cuatro minutos de puerta a puerta. Contando cuando el elevador no funcionaba y había muchedumbres qué esquivar en la calle.

Yo era muy feliz por ese detalle. Entre las muchas bondades, existía la de poder comer todos los días en mi casa. Podía asar una pechuga de pollo, hacerme una ensalada, vaya, dormir una siesta y hacerme unas quesadillas. A veces cocinaba una noche antes porque siempre lo he hecho, pero digamos que no tenía que hacerlo de manera imperativa si quería evitar comer en la calle.

Pero ciertos factores me orillaron a salir de esa zona de confort y regresar a mis antiguos barrios, buscando paz, áreas verdes y un patiecito para los perros. Y una renta menor. No había otro remedio que salir de la zona más cool de la ciudad, No me quejo, sin embargo, los ajustes obligados eran preparar desayuno (ah porque también corría a desayunar a mi casa) snacks, y lunch. Salir con el atácate completo. Comprar varios tuppers, planear las comidas y ser una godín de hueso colorado.

Por lo tanto, he estado buscando platillos que pueda hacer rápido, que sean balanceados y que no requieran muchos compartimentos para el transporte y ensamblaje a la hora de la comida, que es corta y de logística complicada.

Así que ayer tenía medio kilo de carne molida (res y cerdo), media calabacita, una zanahoria y una lata de tomates. Luego recordé que tenía media bolsita de gnocchis en el congelador. En menos de lo que había pensado, tenia un sartén con una salsita espesa, en la que se cocían todos mis ingredientes y se me ocurrió subir la historia en Instagram. Es decir, ni tiempo me dio de subir el procedimiento como en otras ocasiones. Así de rápido fue todo.

Esta receta la hice para comer un par de días, me salieron aproximadamente unas 12 albóndigas. Así que duplicaré mis ingredientes para que salga una comida como para 4 personas, ahí le modificas de acuerdo a tus comensales.

Ingredientes:

  • 1 kilo de carne molida preparada (1/4 tz de pan molido, sal y pimienta, una cucharadita de mostaza, salsa de soya o Worcestershire, 1/4 parmesano rallado y un huevo crudo).
  • 1/2 cebolla blanca
  • 1 calabacita picada finamente
  • 1 zanahoria picada finamente
  • 1 lata de tomates en conserva, de preferencia solo en su jugo, yo usé marca Cidacos (podrías modificar con unos tres jitomates molidos en media taza de agua).
  • sal y pimienta al gusto
  • 500 gr de gnocchis sin cocer, o puede ser alguna pasta corta o espaguetis.
  • Agua al gusto para rebajar la salsa si espesa muy rápido
  • albahaca y queso parmesano.

Mezclas todos los ingredientes para hacer las bolitas de carne. para calcular el sabor, puedes poner un pedacito en el micro para ir ajustando (de niñas nos comíamos la carne cruda, es verdad eso hacíamos). Armas las bolitas y las doras en un sartén con aceite de oliva. Una vez que ya están doradas, agregas la cebolla y dejas que se dore un poco. Agregas la zanahoria y los jitomates con su jugo. bajas la flama y agregas la calabacita y los gnosis así crudos. Y no te despegues de la cocción porque yo por andar pendejeando en el Instagram, se me estaba empezando a evaporar la salsa. Así que remueve con delicadeza y agrega agua en cantidades pequeñas, poco a poco. La carne empezará a sazonar la salsa, por lo que es al final donde podrás sazonar a tu gusto y agregar albahaca fresca. Están listas en unos 10-15 minutos, en cuanto tus gnocchis y las albóndigas estén cocidas por completo y la salsa empiece a burbujear. Para servir ralla el queso y sé un godín feliz como lo fui yo al día siguiente. Aquí está el mini reel que pude hacer.